Estoy completamente seguro de que la letra A es la más utilizada en el idioma español. Ya sé, es prácticamente sentido común, una observación bastante poco lúcida. No manejo estadísticas al respecto ni nada que se le parezca. Tal vez el señor Víctor García de la Vagina (me tomo la licencia de aggiornar su vulgar apellido), director de la Real Academia Española, pueda corroborar con datos fehacientes esta intuición popular, ya que los letrados de su envergadura suelen manejar datos tan insólitos como cuántos verbos hay en el idioma y toda esa clase de información inútil. Pero honestamente considero innecesario recurrir a los eruditos ante una realidad tan evidente, la A es la letra más popular del alfabeto y punto, y hasta me animo a afirmar que es la más usada no sólo en el español, sino en la inmensa mayoría de los idiomas, y quien tenga pruebas para refutarlo, que lance la primera piedra. La A es el sonido más pronunciado universalmente por los mortales (y quizás, por ende, por el Ser Infinito, a cuya imagen y semejanza, dicen, nos debemos, pero eso ya sería una conclusión demasiado osada).
Así la cuestión, no hay que ser muy perspicaz para notar que la afamada canción Nosotros no somos como los Orozco representa una subversión antinatural y forzada contra la naturaleza de las cosas, típica actitud infantil pseudo izquierdista de querer modificar la sustancia primaria de los entes, rebelándose inútilmente ante las inviolables esencias, con frecuencia introduciendo allí donde no lo hay, un argumento ético y la división entre santos y demonios. La naturaleza de algo no es buena ni mala, es así y se acabó. No se puede ir contra la inmanencia de las entidades. Y entonar toooda una canción sin pronunciar siquiera una mísera A, es ultrajar groseramente la naturaleza del lenguaje humano.
Pero no sólo eso, se esconde además tras esa irrealista obra una visión claramente machista y vulgar de la realidad, donde el rol de la mujer es completamente nulo y se presenta un universo pedestre y prosaico. Baste tomar como ejemplo a los ocho protagonistas de la misma: Pocho, Toto, Cholo, Tom, Moncho, Rodolfo, Oto y Pololo. Por favor…
La O es varonil, grotesca, un redondel campechano y sin glamour (¿se puede imaginar de otro modo a Moncho o a Pololo?). En cambio la A, un estético triángulo isósceles, es femineidad, delicadeza, refinamiento, sutileza, exquisitez. Melodiosamente transmite armonía y claridad, contra la sonoridad burlesca y ofuscada de la O.
Precisamente la única forma que tiene una O de estilizarse es fusionándose y enmarcando prolijamente a la A, conformando de este modo el celebérrimo símbolo anarquista.
Por eso concluyo:
Amarás a la A al hablar, al cantar. Nada harás para acabar a la A.
A la mañana al arrancar, hasta al alba hallar, abrazarás a la A para narrar pavadas, macanas, gansadas; camarada: las palabras claras saldrán.
Basta acaparar las andanzas pasadas a vastas damas. Palabras labradas al andar para narrar tantas hazañas. Ya va:
- La mamá amamanta a Tamara. Al papá agasajará, dará tarta salada amasada a casa, rabas, calamar, salsa tártara, agradará al paladar, mas capaz va a atragantar. Para mamá, nada chatarra, magra calabaza, papa, batata asada, manzana, banana, ananá. Pan nada, grasas, pasa. La panza trata bajar.
- Carla agarra la manta para tapar a la atascada a la cama Lara, apaga la lámpara. Gana alabanzas. Lara, gran vaga, para nada va a trabajar, la pasa cansada. Canta la lambada, danza jazz, cha cha chá, cabalga, mas ¿ganar plata? Jamás.
- Casandra pasará las vacas apartada, bajará a las cataratas, nadará al parar la lancha., atará la barcaza. Tras nadar, rajará a la plaza, más allá, a la casa. Capaz al mar, a la playa. Acampará a la mañana, hará avanzar al catamarán para matar a la lagarta malvada amarrada al mar para atacar a las masas. A la par, al bajar, aplastará arañas. Zarpada.
- Ana arranca a la mañana, lava la cara. Va a las andanadas a trabajar. Labra actas a mansalva. Alta trama tras cada acta, nada larga al azar. La manada brava la ataca, lanzan patadas, mas Ana avanza, labra actas, labra actas, jamás la avasallan.
- Marta mandará las sábanas gastadas a lavar al Lava-rap, largan harta baranda. Arma la tabla para planchar las casacas alargadas. Cada mañana manda cartas a la mamá a Santa Clara. Gasta tanta plata para mandar cartas, ya nada alcanza para sacar las garrapatas al can, rascará las patas.
- Lara, azafata casada, altas gambas, avanza a pata hasta la banca, saca plata, la gasta, caras pavadas. Al parar a casa, la matarán. Mas Lara ya va calada. Mandará sanata. A la larga, zafa.
- La chatarra afanada para, baja Sara, la catalana canalla, la agarra la cana, atrapan a la malandra. Las masas aclaman (a la cana, a Sara la maltratan). Alaban la trampa armada para atrapar a la catalana. Sara, a la cana.
Para tantas marañas, cada dama la A va a cantar. Para nada la saltarán. Las damas acatan la vara clara marcada al hablar. ¿Avasallar la A al cantar? Macana garrafal. Cagada para maracas. Ya manda Bart: ¡Ay caramba!
Los Orozco son ñoños, tontos, mongos. Chorros como Grosso. Ojo con los Orozco.
Para cantar, para narrar, para hablar, nada aplaza a la A.
En tu cara Gieco.
Así la cuestión, no hay que ser muy perspicaz para notar que la afamada canción Nosotros no somos como los Orozco representa una subversión antinatural y forzada contra la naturaleza de las cosas, típica actitud infantil pseudo izquierdista de querer modificar la sustancia primaria de los entes, rebelándose inútilmente ante las inviolables esencias, con frecuencia introduciendo allí donde no lo hay, un argumento ético y la división entre santos y demonios. La naturaleza de algo no es buena ni mala, es así y se acabó. No se puede ir contra la inmanencia de las entidades. Y entonar toooda una canción sin pronunciar siquiera una mísera A, es ultrajar groseramente la naturaleza del lenguaje humano.
Pero no sólo eso, se esconde además tras esa irrealista obra una visión claramente machista y vulgar de la realidad, donde el rol de la mujer es completamente nulo y se presenta un universo pedestre y prosaico. Baste tomar como ejemplo a los ocho protagonistas de la misma: Pocho, Toto, Cholo, Tom, Moncho, Rodolfo, Oto y Pololo. Por favor…
La O es varonil, grotesca, un redondel campechano y sin glamour (¿se puede imaginar de otro modo a Moncho o a Pololo?). En cambio la A, un estético triángulo isósceles, es femineidad, delicadeza, refinamiento, sutileza, exquisitez. Melodiosamente transmite armonía y claridad, contra la sonoridad burlesca y ofuscada de la O.
Precisamente la única forma que tiene una O de estilizarse es fusionándose y enmarcando prolijamente a la A, conformando de este modo el celebérrimo símbolo anarquista.
Por eso concluyo:
Amarás a la A al hablar, al cantar. Nada harás para acabar a la A.
A la mañana al arrancar, hasta al alba hallar, abrazarás a la A para narrar pavadas, macanas, gansadas; camarada: las palabras claras saldrán.
Basta acaparar las andanzas pasadas a vastas damas. Palabras labradas al andar para narrar tantas hazañas. Ya va:
- La mamá amamanta a Tamara. Al papá agasajará, dará tarta salada amasada a casa, rabas, calamar, salsa tártara, agradará al paladar, mas capaz va a atragantar. Para mamá, nada chatarra, magra calabaza, papa, batata asada, manzana, banana, ananá. Pan nada, grasas, pasa. La panza trata bajar.
- Carla agarra la manta para tapar a la atascada a la cama Lara, apaga la lámpara. Gana alabanzas. Lara, gran vaga, para nada va a trabajar, la pasa cansada. Canta la lambada, danza jazz, cha cha chá, cabalga, mas ¿ganar plata? Jamás.
- Casandra pasará las vacas apartada, bajará a las cataratas, nadará al parar la lancha., atará la barcaza. Tras nadar, rajará a la plaza, más allá, a la casa. Capaz al mar, a la playa. Acampará a la mañana, hará avanzar al catamarán para matar a la lagarta malvada amarrada al mar para atacar a las masas. A la par, al bajar, aplastará arañas. Zarpada.
- Ana arranca a la mañana, lava la cara. Va a las andanadas a trabajar. Labra actas a mansalva. Alta trama tras cada acta, nada larga al azar. La manada brava la ataca, lanzan patadas, mas Ana avanza, labra actas, labra actas, jamás la avasallan.
- Marta mandará las sábanas gastadas a lavar al Lava-rap, largan harta baranda. Arma la tabla para planchar las casacas alargadas. Cada mañana manda cartas a la mamá a Santa Clara. Gasta tanta plata para mandar cartas, ya nada alcanza para sacar las garrapatas al can, rascará las patas.
- Lara, azafata casada, altas gambas, avanza a pata hasta la banca, saca plata, la gasta, caras pavadas. Al parar a casa, la matarán. Mas Lara ya va calada. Mandará sanata. A la larga, zafa.
- La chatarra afanada para, baja Sara, la catalana canalla, la agarra la cana, atrapan a la malandra. Las masas aclaman (a la cana, a Sara la maltratan). Alaban la trampa armada para atrapar a la catalana. Sara, a la cana.
Para tantas marañas, cada dama la A va a cantar. Para nada la saltarán. Las damas acatan la vara clara marcada al hablar. ¿Avasallar la A al cantar? Macana garrafal. Cagada para maracas. Ya manda Bart: ¡Ay caramba!
Los Orozco son ñoños, tontos, mongos. Chorros como Grosso. Ojo con los Orozco.
Para cantar, para narrar, para hablar, nada aplaza a la A.
En tu cara Gieco.
No hay comentarios:
Publicar un comentario