La mitad más uno festeja, la otra mitad menos algunos sufre. Boca le ganó 2 a 0 (con fortuna como siempre, claro) al glorioso River Plate. Acaso pueda haber noticia más trascendente que esa.
Los propios periodistas que se la pasaron hablando durante toda la semana de “superclásico devaluado” debido a esta propagación tan inaudita de términos poco originales que existe entre los medios (cualquier boquete es “el robo del siglo”, Mar del Plata es “la ciudad feliz”, Andrés Calamaro es “el salmón” sólo porque compuso un tema con ese nombre), ahora llenan tapas de diarios, incontables horas de radio y televisión para cubrir tamaño acontecimiento nacional, que supuestamente era un partido de fútbol más devaluado que el Peso.
Lo que sucede es que nos gusta el enfrentamiento, la exaltación, la algarabía de unos y la humillación de otros, los ánimos caldeados. Argenitna es un gran Yin y Yang de bosteros y gallinas, peronistas y gorilas, unitarios y federales, zurdos y fachos, negros cabecitas y puta oligarquía. No hay espacio para términos medios. En este país sos negro o blanco. Si decís “gris”, los negros lo toman como un blanco y los blancos como un negro. Estás conmigo o contra mí.
Este gobierno y su puñado de fanáticos no hacen otra cosa que exacerbar esta perennidad argenta, generando divisiones, empleando un tonito soberbio y bravucón. Lo mismo la mediocre y oportunista oposición. Si llegás a elogiar o apoyar alguna medida del gobierno, ya sos un ardiente K.
La mayoría de la sociedad argentina, creo, tiene estas características, de fervor, fanatismo e intolerancia. Así fuimos, divididos, a la Plaza de Mayo el 24 de marzo, el “día de la memoria”. Algunos, a putear al gobierno, otros a escuchar a la señora de Bonafini haciendo propaganda K y exhortando a mirar canal 7.
Pero trascendiendo el plano de las masas y yendo a una perspectiva más individual (porque me ufano de refutar una de las pocas “verdades” a que han llegado los artífices de la aspiración de ciencia que es la Sociología, al igual que todas las disciplinas humanísticas, y sostengo que la sociedad no es más que la suma de individuos), la actitud de estas personas “fanáticas”, que se enfervorizan con una causa y condenan y execran a quien no esté de acuerdo con ella, señalándolo como el enemigo a vencer, tiene que ver con una personalidad precisamente acorde a esta postura, es decir, son seres coléricos, irascibles, apasionados.
En tanto, quienes por lo general no están en ninguno de los bandos fundamentalistas y se mantienen ajenos y equidistantes, suelen tener una personalidad más bien moderada, amena, desapasionada, “fría”, podría caber el término. Y por ende, al ser quienes conforman esta posición, personas de esta índole, su voz no suele tener trascendencia ni peso socialmente hablando, por más numerosos que sean, porque una minoría gritona y bravucona tiene más peso que una minoría o incluso mayoría moderada y serena.
Entonces, ¿qué salida queda para quienes, lejos de los fanatismos antagónicos, ocupan un lugar distinto, intermedio o no, quizás totalmente diferente a ambas, pero desde una postura serena y desapasionada?
O bien pueden tomarse las cosas con un cinismo de algún modo despectivo y mofarse de todo y de todos, padeciendo su fanatismo gobernante con indiferencia, postura que he adoptado hace años. O bien podrían dejar la moderación de lado y tratar de imponer su propia posición a los gritos y patoteadas, cosa complicada porque como vimos esta actitud no es compatible con su personalidad, y de todas formas si hicieran esto, pasarían a ser tan fanáticos como los otros.
Lo que sí es seguro, es que con cinismo e indiferencia o no, deberán padecer a los fanatismos de turno, tal vez algunos con angustia y preocupación, porque en la sociedad se imponen los que gritan y patalean, no los seres moderados, reflexivos y aquietados.
La Argentina es un Yin y Yang de opuestos fanáticos, gritones y acalorados, pero en el medio estamos los moderados silenciosos e intrascendentes, cínicos o sumisos, indiferentes o impotentes, teorizando o renegando, pero sin ejercer ningún tipo de acción social.
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