Otra vez el insomnio aqueja a mi atribulado espíritu y me lleva a trasnochar en compañía de compu y tv. Un post alusivo a un repelente programa televisivo numerado, me despierta algunas tímidas reflexiones y me lleva a trazar este anodino boceto. El siguiente es un cuadro puramente descriptivo, aunque no exento de cierta valoración personal, de un nuevo subgrupo humano surgido en nuestro venerable país hace ya algunos años: dícese los kirchneristas.
Me llaman la atención algunos rasgos comunes que observo en la mayoría de ellos, y me tomo la licencia de enumerarlos a continuación en base a datos estadísticos cuasi experimentales que me permiten incurrir en la ineludible iniquidad de la generalización.
Número uno. Es notablemente curioso que la mayoría de los adherentes a este movimiento “nacional y popular” pertenezcan al género femenino. No sé si lo habían notado, pero al menos a mí me sucede que el gran porcentaje de gente altamente fanatizada con este gobierno con que me topo, en el ámbito y las circunstancias que sean, incluso vía redes sociales, son miembros del sexo débil. Supongo que en escasa medida tendrá que ver con la figura de la presidenta y su constante hincapié a su condición de mujer y su negación a totalizar sustantivos en su modo masculino, tomándose el cuidado de distinguir todo el tiempo hasta el borde del ridículo entre “argentinos” y “argentinas”. Pero esto ha de influir en muy escasa medida. Supongo que lo que prima es el carácter en general más enardecido, confrontativo, (jodido bah) de ellas, que como veremos, es la segunda condición que uniforma a los ultra k.
Número dos, por ende, el carácter jodido. Analicen a sus kirchneristas conocidos y observarán que seguramente todos ellos tienen en común una personalidad irritable (e irritante), acalorada, irascible, distante de la serenidad y la moderación. O si no lo manifiestan del todo, mostrándose como seres bastante tranquilos, ha de notarse no obstante que están como desencantados con la vida, andan con un resentimiento y una negatividad que los lleva a buscarle el pelo a la sopa, son esa clase de gente que siempre trata de encontrar algo malo en todo aquello que no sea su objeto de fanatismo.
Número tres. En el caso de los hombres, generalmente son ya de una cierta edad, cincuentones o sesentones, con raíces peronistas, viejitos setentistas que se la pasan hablando y pensando con un atraso de treinta años, con aires de intelectual progresista, probablemente con anteojos y barbita. Símiles a Ricardo Forster, Jorge Coscia o José Pablo Feinmann. Intolerantes y fanáticos, procurando ocultarlo infructuosamente bajo un manto de palabrerío pseudo intelectual.
No es demasiado usual hallar en los ámbitos imparciales en los que uno suele moverse, varones jóvenes muy fanatizados con el oficialismo, en contraste con la abundancia de mujeres sub 35 exaltadas con este gobierno, tan aborrecibles como la “intelectual K” Florencia Peña.
2.16 de la mañana. Momento de dirigir mi insomnio hacia tramas tanto o más insípidas, pero con certeza menos desapacibles.
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