Cuando la incómoda llovizna se extinguía y el insípido teloneo de Queens of the Stone Age ya se había trasladado hacia las esferas de un intrascendente recuerdo, o más bien del olvido, las luces se apagaron y la rizada cabellera de Zack de la Rocha asomó en el escenario principal del Pepsi Music, con la clásica estrella roja, emblema de la banda, como telón de fondo. Lo acompañaban, claro, el resto de los integrantes de RATM, preludiando el demoledor arranque hitero con Testify. El rock comenzaba finalmente a cobrar vida en una tarde que llevó su atmósfera gris hasta los escenarios del festival, insólitamente transportado a los casi inaccesibles confines de la costanera sur.
El sugestivo bajo volumen, que durante la performance de Queens of the Stone Age fue sólo un dato más, pasó a ser una ultrajante afrenta para el rock cuando tocó RATM.
¿Normativa macrista? ¿Reclamo vecinal? ¿Tema de la organización? Nada importaba para quienes masticábamos bronca por ver opacado un recital memorable por culpa de este detalle.
A pesar de eso, la energía de los músicos y el poder de las canciones fueron suficientes para transmutar el predio porteño en una masa homogénea de juventud extática en trance, danzando, cantando, pogueando, liberando la adrenalina que la banda transmite desde el escenario.
Cultores del rock militante, no faltó la cuota política. Con un bastante fluido español, De la Rocha recordó al Che, confundió el año de la crisis argentina (dijo 1991 en vez de 2001) y ponderó al mundo el ejemplo de los piqueteros, logrando una quizás extraña ovación del público, en su mayoría de clase media, los primeros en insultar si llegan a cortar la 9 de julio.
Show conciso, luego de una hora al palo vinieron los bises, para culminar explosivamente con lo mejor: Killing in the name. Ahí, literalmente, el show de RATM partió cabezas.
A los verdaderos amantes del rock, y en particular de RATM, nos siguió quedando un pequeño sabor amargo por el volumen. Pudo haber sido más. La mejor noche de nuestras vidas. Quedó en una gran noche de rock. Poco, no es.

muy bueno
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