domingo, 10 de octubre de 2010

Del poder de síntesis

         Hace mucho había leído que el poema más corto de la historia se titulaba “Amor”, y el verso decía así: “Humor”.
       Me había parecido tan genial que me quedó grabado y puedo afirmar sin vergüenza que es el único poema que me sé de memoria, aunque jamás he chequeado esta información y desconozco al autor de esa obra maestra del laconismo.
       Pero esto me lleva a pensar que la brevedad conlleva en sí misma una belleza independiente y autónoma del ente al que acompaña. Es decir, la concisión es bella, más allá de cómo sea el objeto efímero en cuestión. Si una obra es antiestética y deslucida, pero es corta, contiene por tanto una pequeña dosis de belleza residente en dicha brevedad, que alivia aunque más no sea un poco el desánimo provocado en nuestro espíritu por la fealdad del fragmento.
       Desde esta perspectiva recobra sentido aquel refrán de “lo bueno si breve, dos veces bueno”, obligándonos a abandonar la renuencia hacia las frases populares y admitirla casi como una sentencia estética inapelable.
        Una pena que algunos directores de cine aún no estén enterados.

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