lunes, 14 de febrero de 2011

Historia de la soledad

“Historia de la soledad. De los que no coincidieron con la memoria afectiva de sus contemporáneos, de los que fueron sepultados por los intereses colectivos de su época, o por esa rutina de la historia: la indiferencia. Soledad de los olvidados. Pero más dolorosa todavía es la soledad de los incomprendidos, porque ella destruye para siempre la verdadera figura del recuerdo”.

Fragmento de “Historia de la soledad” de José Edmundo Clemente, libro que rescata la figura de personajes ignorados o despreciados por la historia y enaltece el género Ensayo en cada párrafo, sentida y estéticamente construido por el autor, cuyo nombre cabría añadir quizá (quién sabe, con su complicidad) como irónico epílogo a este bello y vindicador libro.

jueves, 20 de enero de 2011

CFK homenajea a un genocida

En su visita a Turquía, la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner accedió a colocar una ofrenda floral ante la tumba de Mustafá Kemal Ataturk, uno de los principales responsables del Genocidio Armenio iniciado en 1915, y la posterior política negacionista que el Estado turco mantiene hasta el día de hoy.
Ese repudiable homenaje constituyó una contradicción con la política de derechos humanos que ha venido sosteniendo el gobierno nacional, siendo justamente bajo el mandato del ex presidente Néstor Kirchner que Argentina reconoció oficialmente el Genocidio Armenio y se estableció por ley el 24 de abril como Día de acción por la tolerancia y respeto entre los pueblos, en memoria de aquel impune crimen.
¿Qué sentirían las Madres de Plaza de Mayo y los miembros de la colectividad judía si la Presidenta homenajeara a Videla y a Hitler, por ejemplo?
Rendir homenaje ante la tumba de Ataturk es un error histórico que afrenta la memoria no sólo de un millón y medio de armenios masacrados a partir del 24 de abril de 1915, sino de los mártires de todos los genocidios.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Aserrín aserrán, sos okupa ilegal

Breve diálogo entre “okupas” del Parque Indoamericano y funcionarios públicos construido a través de testimonios mediáticos:

- “No queremos que nos regalen nada. Sólo que nos ayuden a acceder a una vivienda y nosotros pagamos todos los meses. Estamos desesperados porque no tenemos dónde vivir”.
Piden pan
- “Están ocupando ilegalmente un parque público, hay que desalojarlos con la policía”.
No les dan

- “Nosotros no tenemos la culpa de haber nacido pobres. Sólo pedimos un trato humanitario, que se pongan en nuestro lugar”.
Piden queso
- “Se les otorgará facilidades de crédito hipotecario a aquellos que muestren un recibo de sueldo. Quien ocupe un espacio público no accederá al beneficio y se le quitarán los planes sociales”.
Les dan un hueso

- “Cuando ven que no tengo secundario completo y voy con esta ropa porque no tengo otra, es imposible conseguir trabajo”.
Y les cortan el pescuezo.


Detrás del accionar de los Macri y los K y los discursos y actitudes xenófobas y discriminatorias de vecinos, sólo puede haber desconocimiento e incomprensión social. Tal vez, indolencia.

martes, 7 de diciembre de 2010

Gustave Courbet (1819-1877)

Arrogante, provocador, libertario.
Eximio artista plástico.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Smashing Pumpkins y lo demás

“Un gran concierto de rock puede cambiar el mundo”.
 Éramos tan ilusos. Confundíamos el indefinido mundo de la subjetividad con lo real, con lo irremediablemente concreto.
Un concierto de rock te puede partir el bocho, puede inyectar una dosis de adrenalina que tu ánimo desconocía, ser el instante más emotivo de tu existencia, marcar un antes y un después. En definitiva, te puede cambiar la vida. Todo esto no es otra cosa que, justamente, pura subjetividad. Afuera, inmutable, el mundo.
Smashing Pumpkins tocó en el Luna Park el jueves 18 de noviembre, noticia que de por sí bastaba para conmocionar a quienes tenemos un vínculo especial con la banda por todo lo que nos ha generado y transmitido, que ciertamente trasciende las fronteras de lo musical.
Con sólo verlo al pelado Billy Corgan en el escenario, iba a ser una noche memorable. Y el show, que tuvo como casi inevitables teloneros a El Otro Yo, no decepcionó. Tras un arranque un tanto tibio con canciones del último disco, al tercer tema terminó por encenderse la cosa con el hitazo Today.
Dada su significativa discografía y la larga lista de canciones-himno, era lógico que la selección de temas no dejaría conformes a todos. Quienes pensábamos que se estaban guardando 1979 para el final, la pifiamos. Misteriosamente, no la tocaron.
Los momentos más rockeros fueron Bullet with butterfly wings, Cherub rock, Tarantula y Zero. Los más emotivos: Tonight tonight, Ava Adore y las exquisitamente reversionadas interpretaciones de Shame y To Sheila del discazo Adore.
Smashing Pumpkins marcó profundamente a la generación que vivimos los noventas. Era inevitable alternar por momentos la energía rockera con una mezcla de nostalgia y emoción.
Promediando el show lo dejaron solo en escena al baterista, que se largó con un tremendo solo y recibió un audible grito de “grande Larusso” por parte de un espectador, dada la cómica semejanza que tenía con el Karate Kid Daniel San con esa vincha en el pelo. Más tarde, Billy Corgan se mandó una sesión de guitarra a lo Hendrix en la que tocó hasta con los dientes. Un fuera de serie. El otro guitarrista no se quedaba atrás, cuando se fusionan las dos guitarras generando esa distorsión tan característica de los Pumpkins, te ponen los pelos de punta. Toda la nueva banda que lo acompaña a Corgan en esta nueva etapa es muy sólida.
En los bises, Billy apareció solo con una guitarra acústica para hacer A stitch in time y el clásico de clásicos Disarm, en el momento más intimista de la noche. Luego se sumó el resto de los músicos para interpretar la bella canción By starlight y terminar a puro rock con Heavy metal machine, tras algo menos de dos horas de show. Muchos nos quedamos con ganas de más. Eran los Smashing Pumpkins...
Cuando asistís a un gran concierto de rock, te sumergís por un par de horas en una extraña ceremonia compartida fuera del tiempo y del espacio, donde el ambiente está enmarcado por un aura en el que hasta los sentidos perciben de otro modo. Afuera, rutinario, opaco, el mundo. El rock es otra cosa. Muere con el último acorde, pretendiendo subsistir un poco más con los aplausos y la ovación rogando una más. Pero el retorno a la realidad es inevitable. ¿Cómo va a cambiar al mundo el rock si están en distintos niveles ontológicos?
Había que apurarse para salir, al día siguiente se debía madrugar para cumplir horarios, casi a modo carcelario, ocupar oficinas, soportar ánimos alterados por banalidades para cuidar pellejo propio y dinero ajeno. El 140 tardó media hora. En las ya desoladas calles del microcentro porteño convertidas en basural, hombres y mujeres con sus chicos buscando un sustento de vida en los cartones que nosotros tiramos. El gran concierto de los Smashing Pumpkins nada había cambiado. Todo seguía insoportablemente igual.

lunes, 15 de noviembre de 2010

El “socialismo del siglo XXI” venezolano suma un nuevo ingrediente

        Es conocida la presuntuosa expresión con la cual el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, califica al proceso gubernamental que encabeza hace ya once años, o al menos hacia dónde procura dirigirlo:  “socialismo del siglo XXI”, otrora “revolución bolivariana”.
A juzgar por lo observado hasta aquí, si algo se puede desentrañar del contenido que encierra este modelo, denominado por el mandatario con aquellos términos un tanto inciertos, son esencialmente tres características: nutrirse de petrodólares en su mayoría provenientes de Estados Unidos por la venta de barriles de crudo, generar antagonismo social y fustigar a medios que sean críticos del oficialismo.
A estos discutibles lineamientos, acaba de agregarse un rasgo hasta hoy no muy marcado; la represión a las protestas sociales.
Recientemente, la Policía Nacional Bolivariana reprimió brutalmente una manifestación de reclamo de usuarios por el mal servicio del Metro de Caracas. El abuso policial terminó con 33 detenidos, entre los que se encontraba una madre con su bebé de pecho en brazos. Fueron acusados de “terrorismo, asociación para delinquir y alteración del orden público”.
Que una simple proclama social sin connotaciones políticas, sino impulsada por el lógico enfado provocado por el mal funcionamiento de un servicio público haya sido dispersada con tal violencia y saña por parte de la fuerza policial, es un claro síntoma de criminalización de la protesta social, tan aborrecida por la izquierda, que en ciertos casos se muestra afín al chavismo. 
Aunque el margen de influencia de un hombre en un gobierno es bastante atenuado, en los regímenes presidencialistas esta proporción es más marcada, imprimiendo el Jefe de Estado su propia impronta  particular en el desenvolvimiento del gobierno. Y ciertos rasgos personales pesan más en nuestro carácter que la supuesta ideología que profesamos.
No hay que olvidar que Chávez, al igual que Fidel Castro, ante todo, es militar.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Respeto ante la muerte

Detrás de la coraza social que llevamos puesta en el ejercicio del rol que nos toca desempeñar en la comunidad, suele esconderse con frecuencia lo que esencialmente somos; un ser frágil, un padre de familia, un esposo, un hijo, un hermano.
Este fenómeno  aqueja con mayor intensidad a los hombres que ostentan mucho poder. En ocasiones, tan sólo su muerte nos recuerda esta otra faceta, su vulnerabilidad y lo que verdaderamente eran: papá, querido, hermano, hijo.
Es chocante leer comentarios desafortunados ante una muerte, en estos tiempos de anonimato y liviandad virtual que corren. Trátese de Néstor Kirchner, ex presidente de la Nación, o de quien sea.
Con sólo 60 años, acaba de partir un padre de familia, un esposo, un hijo, un hermano. También, por supuesto, un político de raza, un líder nato, un hombre que luchó con fervor y pasión por sus ideas, aunque a veces no agradaran sus modales. Un valioso dirigente político. Pero eso es lo de menos.

domingo, 24 de octubre de 2010

jueves, 14 de octubre de 2010

A pesar del volumen, Rage Against la rockeó

  

Cuando la incómoda llovizna se extinguía y el insípido teloneo de Queens of the Stone Age ya se había trasladado hacia las esferas de un intrascendente recuerdo, o más bien del olvido, las luces se apagaron y la rizada cabellera de Zack de la Rocha asomó en el escenario principal del Pepsi Music, con la clásica estrella roja, emblema de la banda, como telón de fondo. Lo acompañaban, claro, el resto de los integrantes de RATM, preludiando el demoledor arranque hitero con Testify. El rock comenzaba finalmente a cobrar vida en una tarde que llevó su atmósfera gris hasta los escenarios del festival, insólitamente transportado a los casi inaccesibles confines de la costanera sur.
El sugestivo bajo volumen, que durante la performance de Queens of the Stone Age fue sólo un dato más, pasó a ser una ultrajante afrenta para el rock cuando tocó RATM.
¿Normativa macrista? ¿Reclamo vecinal? ¿Tema de la organización? Nada importaba para quienes masticábamos bronca por ver opacado un recital memorable por culpa de este detalle.
A pesar de eso, la energía de los músicos y el poder de las canciones fueron suficientes para transmutar el predio porteño en una masa homogénea de juventud extática en trance, danzando, cantando, pogueando, liberando la adrenalina que la banda transmite desde el escenario.
Cultores del rock militante, no faltó la cuota política. Con un bastante fluido español, De la Rocha recordó al Che, confundió el año de la crisis argentina (dijo 1991 en vez de 2001) y ponderó al mundo el ejemplo de los piqueteros, logrando una quizás extraña ovación del público, en su mayoría de clase media, los primeros en insultar si llegan a cortar la 9 de julio.
Show conciso, luego de una hora al palo vinieron los bises, para culminar explosivamente con lo mejor: Killing in the name. Ahí, literalmente, el show de RATM partió cabezas. 
A los verdaderos amantes del rock, y en particular de RATM, nos siguió quedando un pequeño sabor amargo por el volumen. Pudo haber sido más. La mejor noche de nuestras vidas. Quedó en una gran noche de rock. Poco, no es.

domingo, 10 de octubre de 2010

Del poder de síntesis

         Hace mucho había leído que el poema más corto de la historia se titulaba “Amor”, y el verso decía así: “Humor”.
       Me había parecido tan genial que me quedó grabado y puedo afirmar sin vergüenza que es el único poema que me sé de memoria, aunque jamás he chequeado esta información y desconozco al autor de esa obra maestra del laconismo.
       Pero esto me lleva a pensar que la brevedad conlleva en sí misma una belleza independiente y autónoma del ente al que acompaña. Es decir, la concisión es bella, más allá de cómo sea el objeto efímero en cuestión. Si una obra es antiestética y deslucida, pero es corta, contiene por tanto una pequeña dosis de belleza residente en dicha brevedad, que alivia aunque más no sea un poco el desánimo provocado en nuestro espíritu por la fealdad del fragmento.
       Desde esta perspectiva recobra sentido aquel refrán de “lo bueno si breve, dos veces bueno”, obligándonos a abandonar la renuencia hacia las frases populares y admitirla casi como una sentencia estética inapelable.
        Una pena que algunos directores de cine aún no estén enterados.

martes, 21 de septiembre de 2010

Breve radiografía del kirchnerista tipo en una noche de insomnio

Otra vez el insomnio aqueja a mi atribulado espíritu y me lleva a trasnochar en compañía de compu y tv. Un post alusivo a un repelente programa televisivo numerado, me despierta algunas tímidas reflexiones y me lleva a trazar este anodino boceto. El siguiente es un cuadro puramente descriptivo, aunque no exento de cierta valoración personal,  de un nuevo subgrupo humano surgido en nuestro venerable país hace ya algunos años: dícese los kirchneristas.  
Me llaman la atención algunos rasgos comunes que observo en la mayoría de ellos, y me tomo la licencia de enumerarlos a continuación en base a datos estadísticos cuasi experimentales que me permiten incurrir en la ineludible iniquidad de la generalización.

Número uno. Es notablemente curioso que la mayoría de los adherentes a este movimiento “nacional y popular” pertenezcan al género femenino. No sé si lo habían notado, pero al menos a mí me sucede que el gran porcentaje de gente altamente fanatizada con este gobierno con que me topo, en el ámbito y las circunstancias que sean, incluso vía redes sociales, son miembros del sexo débil. Supongo que en escasa medida tendrá que ver con la figura de la presidenta y su constante hincapié a su condición de mujer y su negación a totalizar sustantivos en su modo masculino, tomándose el cuidado de distinguir todo el tiempo hasta el borde del ridículo entre “argentinos” y “argentinas”. Pero esto ha de influir en muy escasa medida. Supongo que lo que prima es el carácter en general más enardecido, confrontativo,  (jodido bah) de ellas, que como veremos, es la segunda condición que uniforma a los ultra k.
Número dos, por ende, el carácter jodido. Analicen a sus kirchneristas conocidos y observarán que seguramente todos ellos tienen en común una personalidad irritable (e irritante), acalorada, irascible, distante de la serenidad y la moderación. O si no lo manifiestan del todo, mostrándose como seres bastante tranquilos, ha de notarse no obstante que están como desencantados con la vida, andan con un resentimiento y una negatividad que los lleva a buscarle el pelo a la sopa, son esa clase de gente que siempre trata de encontrar algo malo en todo aquello que no sea su objeto de fanatismo.
Número tres. En el caso de los hombres, generalmente son ya de una cierta edad, cincuentones o sesentones, con raíces peronistas, viejitos setentistas que se la pasan hablando y pensando con un atraso de treinta años, con aires de intelectual progresista, probablemente con anteojos y barbita. Símiles a Ricardo Forster, Jorge Coscia o José Pablo Feinmann. Intolerantes y fanáticos, procurando ocultarlo infructuosamente bajo un manto de palabrerío pseudo intelectual.
No es demasiado usual hallar en los ámbitos imparciales en los que uno suele moverse, varones jóvenes muy fanatizados con el oficialismo, en contraste con la abundancia de mujeres sub 35 exaltadas con este gobierno, tan aborrecibles como la “intelectual K” Florencia Peña.

2.16 de la mañana. Momento de dirigir mi insomnio hacia tramas tanto o más insípidas, pero con certeza menos desapacibles.

viernes, 3 de septiembre de 2010

17

17 seconds of compassion
17 seconds of peace
17 seconds to remember love is the energy
behind witch all is created
17 seconds to remember all that is good
17 seconds to forget all your hurt and pain
17 seconds of faith
17 seconds to trust you again
17 seconds of radiance
17 seconds to send a prayer up
17 seconds is all that you need



lunes, 16 de agosto de 2010

Qué es un clásico

Algo fútil podría considerarse, tal vez, plantear esta cuestión, pues pareciera ser un asunto bastante claro y no requerir de demasiada elucidación. La Novena sinfonía de Beethoven es un clásico. El Puente de Claude Monet es un clásico. Hamlet de Shakespeare también. La naranja mecánica de Kubrick, otro.
Todos tenemos noción de los clásicos. Pero, ¿por qué lo son? ¿Qué tienen en común estas obras? ¿Cuál es su contenido distintivo y qué cosa las eleva a esa categoría?
Lo primero que puede acudir a nuestra mente es el factor tiempo. Un clásico pasa a ser tal cuando ya ha transcurrido un largo lapso desde su creación y aún se mantiene muy vigente en la sociedad. Clásico sería de este modo casi sinónimo de viejo, de antiguo. Desde luego que hay una relación, a una obra reciente no se la puede considerar, aún, un clásico, necesita someterse al paso del tiempo y las generaciones. Se puede suponer o deducir su trascendencia en el futuro, pero tan sólo se comprobará entonces.
Por un lado, ergo, tiene que ver con el transcurso de los años. Sin embargo, hacer hincapié en su antigüedad sería ahondar en el aspecto menos trascendental de una obra clásica. Lo esencial, lo estremecedor de un clásico no es precisamente cuánto tiempo ha transcurrido desde su aparición, sino la belleza  genuina que lo lleva a trascender siglos, lugares y modas.
¿Cómo logran esto? ¿Por qué algunas obras moran transitoriamente en los efímeros intervalos de las modas y otras perduran invariablemente en el agrado de las sociedades y las generaciones? Mi respuesta es simple: porque estas obras son más bellas. He aquí la hipótesis de la que partimos y que procuraremos sostener.

Dentro de los gustos artísticos y lo bello siempre hay un margen variable relacionado con la moda y las costumbres, pero existe, a su vez, una belleza esencial, sustancial, universal, que está más allá de eso, y que conmueve y conmoverá a la humanidad entera ahora y siempre, porque sensibiliza profundas fibras estéticas inmanentes del espíritu,  y esto tiene que ver, más que con usos y tradiciones, con la naturaleza humana.
Es extraño el “relativismo” extremo de algunos en estética, no es muy factible que en cuanto a gustos artísticos, absolutamente todo sea producto de la moda, de la época y del entorno social. Y los clásicos son una buena muestra de ello. Estas obras han alcanzado ese grado de belleza excelsa que cala hondo en el alma humana y logra emocionar universalmente.
Pero están quienes, en su afán “relativista”, son escépticos también de los clásicos.
Dos objeciones podrían señalarse quizás respecto a los clásicos y su carácter universal e inmortal.
En primer lugar, se puede argumentar que éstos no serían sino “modas” más duraderas que las otras. El hecho de que hayan perdurado sin interrupción hasta nuestros días es por una cuestión de costumbre, transmisión generacional y cierto “marketing”, pero son tan susceptibles de ser olvidadas en un futuro como cualquier otra creación.
Esta observación tiene algo de capciosa, porque nunca se sabrá exactamente lo que acontecerá en el futuro. Incluso las afirmaciones más elementales, como “el sol saldrá mañana”, remitiendo a David Hume, no dejan de ser hipótesis basadas en la costumbre y sin un sustento probatorio indiscutible. Entonces, desde luego que es imposible saber con absoluta certeza si en 500 años los clásicos seguirán agradando o ya habrán pasado al olvido o a un recuerdo grotesco de los gustos primitivos. Pero hay ciertos indicios. Si una obra tiene 1300 años y desde su creación nunca ha dejado de encantar y emocionar a las sociedades, mientras que miles de otras cosas han caído en desuso  y hoy parecen hasta ridículas, entonces podemos suponer que esa obra tiene un vínculo profundo con lo intrínsecamente humano que trasciende modas y costumbres temporales. Por lo tanto, es muy probable que esta obra conmocione a toda sociedad en toda época.  Naturalmente nunca lo podremos aseverar fehacientemente, como tampoco se puede asegurar con absoluta firmeza que siempre el calor dilatará a los metales, o que el hombre será mortal, ni ninguna otra afirmación a futuro. Pero, lógicamente, algunas aserciones son más plausibles que otras porque tienen una mayor contrastación en la que basarse.

La otra objeción posible es, puesto que en materia estética es todo cuestión de gustos particulares, pura subjetividad, entonces cómo se puede hablar de clásico, si hay gente a la que los así llamados clásicos no les produce ningún agrado, mientras que otras creaciones que no consideradas de ese modo sí lo hacen. La única diferencia entre los “clásicos” y los que no lo son sería pues la cantidad de gente a la que les complace unos y otros. Clásico, en este caso, vendría a ser sinónimo de popular o masivo.
Y, efectivamente, aunque tal vez genere discordia, sostengo que lo bello tiene un vínculo muy estrecho con lo masivo. La discusión de definir objetivamente lo bello es antigua y remitiría a hipótesis y conjeturas que aquí no estamos en condiciones de abordar. Considero los intentos de lúcidos filósofos por brindar una explicación objetiva de lo bello infructuosos (se han esgrimido argumentos como la armonía, la simetría, etc.). Lo estético es una sensación de agrado o desagrado que surge en el espíritu y que no se puede explicar positivistamente a partir del objeto. Entonces, ¿cómo definir concretamente que algo es bello y no simplemente que me gusta o no me gusta? No queda más remedio, estimo, para lograr universalizar de algún modo lo bello, que apelar como siempre a la insoslayable soberanía de las mayorías.
¿Por qué universalmente siempre los caballos han causado agrado y las ratas desagrado? Aquí no cabe mencionar costumbres o tradiciones, esto ha sido así en toda época y todo lugar, y seguramente lo seguirá siendo. Tampoco corre la explicación que han pretendido brindar algunos filósofos sobre lo bello, dado que una rata es tan simétrica, armoniosa y bien proporcionada como un caballo. Alguno podría señalar que la rata remite a suciedad y que su eventual presencia en nuestro hogar nos alteraría, y por eso la consideramos fea, pero más que un juicio estético tiene que ver con un motivo más bien utilitario, con lo que no concuerdo, pero de todas formas supongamos ese argumento válido, ¿por qué sentimos entonces agrado por el orden y la limpieza y desagrado por el desorden y la suciedad, agrado por el sosiego y desagrado por la alteración? Sería redundar en una espiral interminable sin otra salida que estrellarse con la arcana condición de la naturaleza humana.
Retomando el ejemplo anterior, dada esa contundente coincidencia de criterios podemos afirmar que el caballo es bello y la rata no, y esta es la única explicación al respecto, la confluencia abrumadora de gustos, no hay razones objetivas y empíricas para determinar tal cosa a partir de las figuras en sí. Ahora bien, tal vez haya personas a las que les agraden más las ratas que los caballos, pero ese gusto bien podría ser considerado como mórbido, o al menos anormal o raro, sencillamente porque no se amolda al de la categórica mayoría.
En arte, por consiguiente, podría esbozarse la misma pauta.  Los clásicos han causado agrado casi unánimemente en toda sociedad y en toda época, por ende son bellos y quienes  no concuerdan con este juicio tienen un gusto extraño y extravagante.
Pero surgiría un inconveniente. Si, según decimos, lo que determina lo bello es su rotunda masividad en el gusto de las personas, ¿qué sucede con algunos gustos artísticos que son populares y sin embargo la gente experimentada (considerando como tales a quienes han percibido mayores cantidades de obras en todas las ramas del arte o en alguna de ellas) juzga como desagradables? Serían obras cuya belleza, que probablemente la tengan, es en cierto punto dudosa y confusa, porque la opinión de los entendidos, cuando no está contaminada por fingimiento, caprichos y esnobismo, no tiene necesariamente mayor autoridad, pero sí goza de más argumentos porque está fundada en mayor experiencia, lo cual es casi consecuentemente sinónimo de sabiduría, aunque como señalamos en este caso el gusto no tiene vínculo con la razón. Ahora, tal discrepancia entre vulgo e ilustrados no existe con las obras clásicas, donde hay concordia entre masas y críticos en el agrado. Esa es la diferencia. Lo popular gusta a mucha gente, pero no a toda, y con frecuencia, no a los estudiosos de las artes. En tanto que el gusto por lo clásico es prácticamente unánime.
Estimo que a pesar de su osadía, no es posible refutar razonablemente, salvo con un nivel de ensañamiento y rivalidad, la anterior afirmación de que el grado de belleza de una obra lo determina la cantidad de individuos a la que agrada.
Pongamos un ejemplo para graficar. Si a uno se le ocurre sacar ruidos estruendosos con una cacerola y gritar desafinadamente incoherencias y grabar eso como una canción, o esbozar con una témpera  furiosamente y sin sentido unos mamarrachos al azar sobre una tela ¿qué forma objetiva hay de desacreditar la belleza de tales fragmentos, salvo que seguramente no le agradarán a nadie? Mas supongamos que a algunos pocos sí les agraden estos atronadores alborotos y esos espeluznantes mamarrachos, como seguramente ocurriría, su opinión es tan válida como la de cualquiera, no están transgrediendo una verdad contrastada, por ejemplo diciendo que la gravedad expulsa los objetos lejos de la Tierra, afirmación por la cual cabría señalárseles pertinentemente que según las evidencias hasta el momento están equivocados. Sencillamente alegan “a mí estos sonidos y esos garabatos me resultan agradables”, y no tenemos con qué argumentos objetar ello, salvo decir “a mí no me agradan, y a la mayoría tampoco”. Se hace evidente entonces que no se puede definir empíricamente lo bello, sino cotejarlo con la complacencia de las personas. Una obra es tan bella cuantos individuos gustan de ella. Por eso, es justo que cualquier obra tenga la chance de ser sometida al criterio de las masas, y sólo así podrá determinarse su grado de belleza (alto, medio o bajo, de acuerdo a la proporción de gente a la que agrade).

En lo que a gustos se refiere, como ya indicamos, hay un costado que tiene que ver con lo cultural, lo social y demás. A alguien le puede disgustar por ejemplo determinado género musical por lo que simboliza cultural o socialmente. Creo no obstante que es posible abstraerse de estos prejuicios y dejarse llevar por la obra en sí, aunque reconozco que no es sencillo y no siempre se logra. De todos modos, aún sin conseguir librarse de los preconceptos, los clásicos agradan a todos, sean del género que fuere y representen culturalmente lo que sea. Esto es precisamente lo que los distingue, trascender las barreras socio-culturales. Yo por ejemplo puedo tener ciertos prejuicios con respecto a la música melódica latina y lo que representa culturalmente. Admito, no obstante, que No podrás es una estupenda canción, helo ahí Cristian Castro ha creado una obra con chapa de clásico, ya que a pesar de mi animadversión respecto al género que me lleva a desaprobar la mayoría de las obras que se adscriben dentro de él, su belleza es tal que fulmina estos prejuicios culturales míos y logro percibirla. Muchos de quienes están por el contrario familiarizados con la onda latina podrían tener determinados preconceptos respecto del rock, y no creo sin embargo que ninguno de ellos pueda decir que Sweet child o mine no es una canción memorable. Hete aquí otro clásico que han logrado los Guns n´ Roses.

Es difícil hablar de clásicos aludiendo a artistas, creo que más bien correspondería emplear el término refiriéndose a obras. Salvo muy excepcionales casos en los que la totalidad o casi la totalidad de las creaciones de un artista hayan llegado al nivel de clásicos, por lo que mencionar a ese artista como clásico, equivaldría a aludir a toda su obra (podrían ser los Beatles, Shakespeare o Picasso por ejemplo).
Es cierto que hoy en día con la abrumadora diversidad de artistas y fuentes de expresión y transmisión que existen no todo puede llegar a hacerse conocido masivamente, por lo que sólo trasciende lo que se impone desde los monopolios comerciales, y que no necesariamente se ajusta a criterios estéticos. De todas formas, tal vez sea demasiado optimista pero considero que a la larga, lo que tiene un grado apreciable de belleza (es decir, la capacidad de agradar a muchas personas) de un modo u otro generalmente termina imponiéndose. Van Gogh no vendió en vida ni un solo cuadro, su arte era ignorado y menospreciado, pero finalmente, ya muerto él, el reconocimiento social a su obra llegó. Hoy sus cuadros se venden en millones de dólares.

Las modas pueden ser ocasionadas por diferentes motivos, por ejemplo, motorizadas por una figura pública con mucha llegada social. En su momento, la cantante irlandesa Sinead O´Connor había logrado un gran éxito musical y en ese entonces llevaba el cabello rapado. Aquel peinado se popularizó bastante entre mujeres de todo el mundo, pero la moda fue fugaz, por lo cual se puede deducir que no es un corte femenino demasiado bello, es posible que en algún momento resurja ese uso masivo, o que a algunas señoritas aisladas les siga agradando llevar así la cabellera. Pero en cambio, una clásica melena larga siempre ha sido empleada muy masivamente por las mujeres en todos los períodos históricos en todas las sociedades (salvo quizás en algunas tribus africanas), por lo que claramente, hasta aquí la cabellera larga es un peinado más bello en una mujer que el rapado. Y suena raro suponer que esto se pueda llegar a revertir.
Todo lo que no es clásico, podrá tener algún valor de belleza o no, pero se inscribe mayormente dentro del flujo de lo social, y estará sujeto por lo tanto a los vaivenes de la moda y los guetos culturales, generando su belleza controversias y desacuerdos, en contraste con las obras clásicas, que imprimen su ardor en lo más hondo y universal del espíritu humano, y placen unánimemente en cualquier tiempo y espacio.
Por todo esto es que afirmo sin temor a equivocarme que los clásicos poseen mayor belleza que las obras que no lo son. ¿Y qué es lo que establece que una creación artística sea clásica? ¿Acaso hay algún selecto grupo de iluminados que arbitrariamente decide este es un clásico y aquél otro no lo es? El único modo de determinar que una obra es clásica, insisto, es la satisfacción casi unánime que provoca en las personas de toda época y de todo lugar.

Finalmente, concluyo recordando al entrañable filósofo español Manuel García Morente, que culmina un ensayo sobre la estética kantiana con estas sensibles palabras:
“Sólo entonces, sólo cuando un artista ha creado algo que puede ser gozado y amado universalmente por los hombres, sólo cuando una obra, penetrando profundamente en lo particular, expresa lo profundamente humano, sólo entonces puede decirse que el tesoro de belleza de la humanidad se ha aumentado con otra forma inmortal. Y estas formas inmortales llámanse clásicas”.

miércoles, 21 de julio de 2010

Wilson se puso la gorra

Qué remotos aquellos dorados años en los que brillaba en la pantalla grande. El séptimo arte lo acogió en sus mieles y lo inmortalizó. Supo ser emblema del cine, protagonizando una de las escenas más clásicas de Hollywood, cuando Tom Hanks gritaba exasperadamente su nombre en la película Náufrago.
Hoy nos enteramos por los diarios que Wilson, aquel célebre balón de volleyball que acompañó el naufragio de Tom Hanks, no se había perdido en el mar tras el rodaje del film, como muchos creían. Al parecer las aguas lo arrastraron hasta estas benditas tierras. Y no sólo eso, sino que, país generoso éste si los hay, Wilson además pegó laburo. Abandonó su carrera artística para enrolarse en la temeraria fuerza policial neuquina.
No es broma. El hecho trascendió luego de que el sábado se fugaran dos reclusos de la Unidad Penitenciaria 11 de Neuquén. Tras desmentirlo en un principio, finalmente las autoridades reconocieron que el sistema penal está colapsado y efectivamente habían colocado una pelota con una gorra en una de las garitas altas de vigilancia, para que aparentara la figura de un oficial. Y a este pseudo vigilante le habían apodado Wilson, por la película. (Esto es en serio).
Este hecho puede llegar a ser hasta gracioso. Lo único triste es que la misma policía neuquina no haya mandado al bueno de Wilson a comandar las fuerzas que reprimieron brutalmente una manifestación sindical en 2007 y fusilaron al docente Carlos Fuentealba.

miércoles, 23 de junio de 2010

Morir con un nudo en el cuello

Conmueve a la sociedad el suicidio de ocho chicos en una sucesión de días en el pueblo salteño de Rosario de la Frontera.
Los adolescentes, que apenas superaban los 13 años, murieron todos ahorcados. Acaso más que el nudo de la soga, los haya matado otro nudo en la garganta; la angustia contenida, la incomprensión, un mundo adverso. Lágrimas por dentro.
Las autoridades y los medios ya barajaron las hipótesis más firmes para dilucidar esta misteriosa y trágica secuencia  suicida. “Un juego macabro difundido por internet”, “Los adolescentes imitan a sus pares”, “Un instigador mayor de edad”, conjeturaron como siempre en un aligerado intento de catalogar y despersonalizar todas nuestras acciones, esquivando sin más el insondable laberinto que es cada uno de nosotros.
El suicida suele llevarse su secreto consigo. No siempre hay “indicios”, desengaños amorosos o problemas económicos como la policía y los medios anhelan simplificar. A veces simplemente puede no haber motivos, o más bien, motivación. Cada conciencia es un universo inescrutable.

La vida es un juego, la vida es una joda, nos repiten los modernos desde su lujosa comodidad con un aparente mensaje light de banalizarlo todo. Quizá para estos chicos la vida no era un juego, como sí lo es paradójicamente para los adultos cool de la metrópoli; o no pudieron jugarlo, no tuvieron los recursos para hacerlo. Para ellos el juego fue la muerte, y por lo menos una vez, se dieron el gusto de ganar.
Un mensaje fue claro. Todos se fueron con un nudo en el cuello.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Fuerza Gustavo


Con estas trilladas palabras y escasa creatividad me sumo a los millones. No hay espacio para la originaliad frente a una noticia tan terrible e inesperada, sería de una frialdad incongruente con la conmoción que realmente siento.
La humanidad debe estar eternamente agradecida con los artistas de tu talla.
Espero verte pronto en escena en lo que sin dudas será uno de los shows más emotivos, y que sigas embelleciendo un poco este mundo con tus canciones. No nos dejes con las ganas. No nos dejes genio.

viernes, 14 de mayo de 2010

Rock y estética

El rock es un torbellino vigoroso que penetra violentamente en nuestro ser con toda fuerza y energía, sacudiendo y conmoviendo cada uno de los poros del cuerpo. Es transmisión de vitalidad y brío, sobrecarga de emoción. El pogo que se genera en los recitales es, más que un rito, prácticamente una reacción natural ante la sobredosis de energía que absorbe el espíritu, y que necesita ser descargada por el físico porque de lo contrario se torna insoportable contener tanta fuerza acumulada en cuerpo y alma sin poder liberarla.
No obstante, toda esta magnífica potencia y regocijo que recibe el ánimo por parte del rock, no es absorbida sólo a través de los oídos. La música es captada por el sentido auditivo y sensibiliza el  sentimiento estético  correspondiente a éste, pero el rock no es sólo música. Y con esto no se pretende denotar romanticismos, arguyendo que sea “un sentimiento”, “un estilo de vida” o cosas por el estilo, sino que aludimos al cariz puramente sensorial. El rock está estrechamente vinculado con la imagen. Quien consume rock no está únicamente escuchando una determinada melodía; está también observando a un conjunto de músicos vestidos de tal o cual forma, a un cantante más o menos joven, bello, con el pelo así o asá; una tapa de disco, fotografías, video clips, presta atención a las letras. Es decir, el rock trasciende el plano de lo auditivo y moviliza otros niveles estéticos, principalmente el de la imagen y a la par, o tal vez en menor medida, lo poético. Esto potencia su capacidad de producir deleite, ya que cuantos mayores niveles estéticos moviliza una obra, aumenta su capacidad de emocionar y conmover, si todo se combina de un modo armonioso.
Una de las no muy abundantes premisas confiables que se han marcado en Estética, es que mientras mayor sea el número de relaciones que contiene lo bello, tanto mayor es su belleza. Así, una buena combinación de colores, es más bella que un solo color bonito. Un acorde, es más bello que una nota, y una melodía es más bella que un acorde.
Esta simple pero genial reflexión fue señalada por Diderot en su obra Investigaciones filosóficas sobre el origen y la naturaleza de lo bello, brevísimo trabajo sin embargo mucho más sustancioso y profundo que la extensa Teoría estética de Adorno (y, me tiento a señalar, que la Crítica del Juicio de Kant, pero esto levantaría mucha polémica), donde abunda la charlatanería artística y una erudición vanidosa pero escasea el pensamiento filosófico, como es habitual en autores y obras modernas que abordan la temática estética.
Las palabras textuales de Diderot en el párrafo que compete aquí son las siguientes: “Lo bello que resulta de la percepción de una sola relación, es generalmente menor que aquel que resulta de la percepción de numerosas relaciones. La contemplación de un bello rostro o de un bello cuadro impresionan más que la de un solo color; un cielo estrellado, más que un fondo de azul; un paisaje, más que un campo abierto; un edificio, más que un terreno liso, una pieza de música, más que un sonido”.
A esta atinada observación de Diderot añado lo siguiente: mientras más planos estéticos mueve una obra en nuestro espíritu, mayor es su poder de conmocionar.
Un cuadro o una escultura sólo sensibilizan una estética “visual”. Un poema, sólo una estética “poética”. Una melodía sin acompañamiento de imagen, sólo una estética “auditiva”. En cambio, una obra de teatro o una película por ejemplo tienen la capacidad de movilizar los tres niveles estéticos mencionados, tanto visual, como poético y auditivo. Por lo cual, según este punto de vista, una obra de teatro o una película tienen mayor poder de conmover al espíritu que un cuadro, una escultura, un poema o una melodía, ya que pueden combinar belleza visual, poética y auditiva, en contraposición con las otras obras mencionadas que sólo tienen la capacidad de afectar una sola esfera estética en nuestro espíritu. Y cuando una obra combina agraciadamente los tres niveles estéticos, la belleza surgida es superior que la de una obra bella que afecta un solo nivel, sea visual, auditivo o poético.

Si escucho una hermosa melodía en la radio, lógicamente esto me va a producir un goce artístico. Pero si esa canción la escucho en la TV acompañada de un bellísimo videoclip, el deleite producido es superior, porque está movilizando, además del “goce auditivo”, un “goce visual”, ausente al oírlo en la radio. Por eso destaco la relevancia de los videoclips (a veces subestimada en el ámbito del rock) para la trascendencia de una banda o de una canción, porque agrega otra capa estética a la obra –visual– que de ser bella al igual que la música, esta combinación de imagen y sonido agradables es más contundente que sólo el sonido agradable. ¡Cuántos temas han sido resaltados por sus videoclips! La canción Adiós de Gustavo Cerati es bellísima. Pero cuán superiormente conmovedor es captarla mediante su videoclip, una hermosa y algo melancólica historia narrada muy estéticamente y acompañada con destellos de la encantadora figura de Cerati. Además tiene el plus de que la letra es muy bella y se fusiona perfectamente con el video.
Tonight tonight de Smashing Pumpkins, The Universal de Blur, No surprises de Radiohead, a pesar de su simpleza. Muchas canciones han sido exaltadas en su belleza gracias a su videoclip, y uno casi que no puede rememorar las canciones sin que acuda a su mente aquél clip.

Otra esfera estética que puede contribuir a acrecentar la belleza de una canción es la poética. ¿O acaso alguien duda que las canciones de Sabina deben la principal cuota de belleza a su brillante talento con las palabras y su hermosa poesía? Está bien que esta faceta tal vez no sea la más desarrollada en el rock, pero muchas bandas añaden una pisca de beldad a sus obras con el poder y el sentido de sus letras.

Pero además, y no lo neguemos, tiene una incidencia importante la propia estética de los artistas, en un sentido puramente físico. La imagen personal del músico, su vestimenta, su rostro, su cuerpo, su actitud.
¿Nirvana transmitiría el mismo sentimiento nihilista que genera si Kurt Cobain en vez de ser un joven que andaba con el pelo largo, desprolijo y con la ropa gastada y descuidada, fuera un hombre mayor  con el pelo corto, engominado y anduviera trajeado? O el grupo pop Miranda, ¿generaría la misma sensación de frescura y brío si sus integrantes en vez de estar prolijamente vestidos, coloridos, glamorosos, peinaditos y depilados, anduvieran barbudos, con jeans rotos y alpargatas?
Hay que admitir que la imagen personal tiene una influencia importante en la captación de adeptos en el ámbito del rock y del pop, sobre todo teniendo en cuenta que es un negocio dirigido principalmente al público adolescente y joven. La pinta del cantante, su onda, su look, si la chica que toca el bajo es bella, etc.  
Ninguna quinceañera va a colgar en su habitación pósters de un viejo pelado y gordo, ni los adolescentes lo tomarán como un modelo a imitar. En parte, a esto se debe el inevitable y casi exclusivo lazo del rock con la juventud.
La senectud no vende entre el público adolescente-juvenil, entonces no es negocio para el rock. Otro factor que separa a la gente de edad avanzada de esta música es la cuestión de la energía que demanda el rock para tocarlo con propiedad y la que genera al oírlo. Las personas mayores no suelen estar a la altura de ese nivel de energía, entonces por lo general no lo tocan ni lo oyen, y si pasan a hacerlo puede llegar a presentarse un espectáculo grotesco. Salvo las contadas excepciones de gente que trasciende el factor edad y su cuerpo y espíritu siguen llenos de juventud y vitalidad más allá de los años (se me ocurre por ejemplo un Mick Jagger o un Steven Tyler).
Observamos entonces que la pinta y la imagen no son lo de menos. Por más en contra de esto que quiera ir una banda o un artista, rebelándose ante la imagen y la apariencia, esta postura, en definitiva, también termina siendo pura imagen y apariencia. Es lo que pasó con el grunge. La No Imagen, también es Imagen.

Vimos entonces los tres principales niveles estéticos que moviliza el rock para lograr conmover y atraer a la audiencia: la música, la imagen y la “poética” (que no necesariamente está relacionado con la poesía, sino con la profundidad de las letras, el mensaje que se transmite). Las bandas que han sabido explotar óptimamente estas tres facetas, son las que trascienden lo musical y llegan hasta a conformar grupos o movimientos sociales con una determinada cosmovisión del mundo. A mi juicio, los que han logrado esto dentro del rock han sido el punk y el grunge.
El heavy metal y el brit pop se han quedado en el nivel de  la música y la imagen (pelo largo, cuero y tachas unos, flequillo y ropa modernosa los otros), el rockanroll stone o “chabón” argentino también se ha quedado en ese nivel, determinado estándar musical y un look stone, zapatillas de lona y demás cuestiones, pero no pasa de ahí (a menos que alguien considere una cosmovisión del mundo el hecho de exaltar a la birrita y el faso).

El punk y el grunge han podido condensar una música, una imagen y un mensaje que reflejan el sentir de numerosos jóvenes alrededor del planeta. Cuando ocurre esto, cuando a través de estos tres factores un artista o una banda generan que sus emociones personales se reflejen en un sentimiento social, cuando logran que lo individual penetre profunda y conmovedoramente en lo universal, es cuando el rock trasciende las fronteras de la música y de la imagen y pasa a ser un intenso fenómeno social.

lunes, 26 de abril de 2010

Tiempo

Misteriosa y siniestra entelequia, extrínseca a toda reflexión racional.
Nebulosa e ilógica nada, poseedora sin embargo de la funesta gracia de devastarlo todo.
No cura, en vano se le adjudican poderes sanadores. Es la enfermedad misma.
Va opacando con su abstracto e incierto contenido, incomprendido hasta por la madre Filosofía, el tenue encanto de lo fugaz y lo efímero. Contamina en su inquebrantable persistencia la pureza emotiva  y sincera del instante, convirtiéndolo en memoria visual, en documento tangible, en materia de análisis, en una intrascendente y ridícula pantomima.
Poca cosa trae el tiempo más que hastío y cinismo. Cansancio, desgaste, vejez. Una fría e inútil conformidad con lo transcurrido: insensibilidad por nuestras culpas; tonta y nostálgica suficiencia por nuestros aciertos.
Aquello que denominamos experiencia, rencorosa sabiduría, señal de que nuestro momento ha pasado.
El poder corrosivo del tiempo es tan demoledor, que hasta al más intenso y fogoso sentimiento manado febrilmente como un incontenible hálito de pasión desde lo profundo de  nuestro espíritu, tiene el don de asfixiar con apenas algunas escasas dosis de su incierta pero irrevocable sustancia, reduciéndolo a imperceptibles vestigios, y a las sublimes creaciones del tesoro artístico humano es capaz de hurtarles parte de su infinita belleza, a fuerza de repetición vivencial.  Los sucesos más jolgoriosos y los más lúgubres son uniformados por obra y gracia del tiempo en una opacidad grisácea y apática, insensible.
Arrasa sin clemencia todo lo que encuentra por su camino; inconmensurable avenida de la cual ni el universo se aparta.
Deja su huella en la frente, nos arruga el rostro y las manos, apaga el brillo de nuestros ojos, desfallece al frágil cuerpo. Marchita las desamparadas flores y extingue la cándida existencia de los animales.

Muy pocas cosas son capaces de sortear a este devastador fenómeno del tiempo y subsistir, al menos en ocasiones, en la vida de uno mismo. Tan sólo, se me ocurre, la misericordia, la generosidad,  la ternura, la nobleza. El afecto y la comprensión a nuestros padres, hijos y hermanos. Acaso, algún amigo. 

lunes, 19 de abril de 2010

El riachuelo

Y a pesar de las promesas, mil días no bastaron para limpiarlo. El inenarrable hedor que nos despide de la Capital y nos brinda una olorosa bienvenida a la zona sur trasciende a los seres mortales, es lógico que María Julias y Mauricios no lograran librarnos de él; aquel celestial aroma está más allá de funcionarios públicos, de planes ambientales y de políticas sociales, forma parte de un simbólico legado generacional que nos dejaron nuestros ancestros, y que sabremos traspasar a nuestros hijos y nietos. El riachuelo es el corazón del alma porteña, retrato de un pedazo insoslayable de nuestro espíritu, el inevitable costado oscuro que toda entidad terrenal encierra, porque la pureza absoluta es una quimera sólo observada en cuentos de hadas y teorías religiosas.
Entonces, así como orgullosos exhibimos al mundo nuestros fastuosos edificios y palacios, los bohemios cafés y las arrabaleras milongas, por qué habremos de ocultar al viejo riachuelo, está ahí para recordarnos nuestras miserias como pueblo, los sombríos usos porteños, la corrupción, la desidia, la dejadez, el escaso compromiso y respeto al prójimo.
El riachuelo es la fétida marca que llevamos en la ciudad como fruto de nuestras peores costumbres, y con él aprendimos a convivir, con su nauseabundo hedor, sus contaminadas aguas y sus focos infecciosos, porque somos porteños irreverentes y nos llevamos al mundo por delante, y por eso tiramos la basura donde se nos canta, sacamos ventaja de lo que sea y como sea,  etcétera etcétera. Y como también somos desidiosos e indiferentes, nos acostumbramos a lidiar con los monstruos que creamos, en vez de hacer un esfuerzo para erradicarlos, por eso cargamos con el putrefacto riachuelo a cuestas como maloliente recordatorio de nuestras peores tradiciones.
Yo, por lo pronto, he descubierto un infalible método para tolerar  la fetidez acuciante cuando me toca cruzar el puente Alsina o Pueyrredón en el colectivo; pongo un tango en los auriculares y me dispongo a contemplar a la ciudad y su gente, e inevitablemente me conmueve la grandeza de Buenos Aires y un brioso orgullo porteño recorre mi cuerpo e inunda mi ser, y eso incluye, claro, todas nuestras miserias, intensamente palpables con aquel penetrante hedor de fondo.

viernes, 9 de abril de 2010

La Sarmiento del Bicentenario



Hace rato me pregunto, muy seriamente, si esta señora está en todos sus cabales.

domingo, 28 de marzo de 2010

Los yines y los yangues argentinos

           La mitad más uno festeja, la otra mitad menos algunos sufre. Boca le ganó 2 a 0 (con fortuna como siempre, claro) al glorioso River Plate. Acaso pueda haber noticia más trascendente que esa.
Los propios periodistas que se la pasaron hablando durante toda la semana de “superclásico devaluado” debido a esta propagación tan inaudita de términos poco originales que existe entre los medios (cualquier boquete  es “el robo del siglo”, Mar del Plata es “la ciudad feliz”, Andrés Calamaro es “el salmón” sólo porque compuso un tema con ese nombre), ahora llenan tapas de diarios, incontables horas de radio y televisión para cubrir tamaño acontecimiento nacional, que supuestamente era un partido de fútbol más devaluado que el Peso.

Lo que sucede es que nos gusta el enfrentamiento, la exaltación, la algarabía de unos y la humillación de otros, los ánimos caldeados. Argenitna es un gran Yin y Yang de bosteros y gallinas, peronistas y gorilas, unitarios y federales, zurdos y fachos, negros cabecitas y puta oligarquía. No hay espacio para términos medios. En este país sos negro o blanco. Si decís “gris”, los negros lo toman como un blanco y los blancos como un negro. Estás conmigo o contra mí.
                Este gobierno y su puñado de fanáticos no hacen otra cosa que exacerbar esta perennidad argenta, generando divisiones, empleando un tonito soberbio y bravucón. Lo mismo la mediocre y oportunista oposición. Si llegás a elogiar o apoyar alguna medida del gobierno, ya sos un ardiente K.
                La mayoría de la sociedad argentina, creo, tiene estas características, de fervor, fanatismo e intolerancia. Así fuimos, divididos, a la Plaza de Mayo el 24 de marzo, el “día de la memoria”. Algunos, a putear al gobierno, otros a escuchar a la señora de Bonafini haciendo propaganda K y exhortando a mirar canal 7.

                Pero trascendiendo el plano de las masas y yendo a una perspectiva más individual (porque me ufano de refutar una de las pocas “verdades” a que han llegado los artífices de la aspiración de ciencia que es la Sociología, al igual que todas las disciplinas humanísticas, y sostengo que la sociedad no es más que la suma de individuos), la actitud de estas personas “fanáticas”, que se enfervorizan con una causa y condenan y execran a quien no esté de acuerdo con ella, señalándolo como el enemigo a vencer, tiene que ver con una personalidad precisamente acorde a esta postura, es decir, son seres coléricos, irascibles, apasionados.
En tanto, quienes por lo general no están en ninguno de los bandos fundamentalistas y se mantienen ajenos y equidistantes, suelen tener una personalidad más bien moderada, amena, desapasionada, “fría”, podría caber el término. Y por ende, al ser quienes conforman esta posición, personas de esta índole, su voz no suele tener trascendencia ni peso socialmente hablando, por más numerosos que sean, porque una minoría gritona y bravucona tiene más peso que una minoría o incluso mayoría moderada y serena.
                Entonces, ¿qué salida queda para quienes, lejos de los fanatismos antagónicos, ocupan un lugar distinto, intermedio o no, quizás totalmente diferente a ambas, pero desde una postura serena y desapasionada?
O bien pueden tomarse las cosas con un cinismo de algún modo despectivo y mofarse de todo y de todos, padeciendo su fanatismo gobernante con indiferencia, postura que he adoptado hace años. O bien podrían dejar la moderación de lado y tratar de imponer su propia posición a los gritos y patoteadas, cosa complicada porque como vimos esta actitud no es compatible con su personalidad, y de todas formas si hicieran esto, pasarían a ser tan fanáticos como los otros.
                Lo que sí es seguro, es que con cinismo e indiferencia o no, deberán padecer a los fanatismos de turno, tal vez algunos con angustia y preocupación, porque en la sociedad se imponen los que gritan y patalean, no los seres moderados, reflexivos y aquietados.
                La Argentina es un Yin y Yang de opuestos fanáticos, gritones y acalorados, pero en el medio estamos los moderados silenciosos e intrascendentes, cínicos o sumisos, indiferentes o impotentes, teorizando o renegando, pero sin ejercer ningún tipo de acción social.

lunes, 15 de marzo de 2010

Test para saber si sos una chica cool

1)      Tenés por lo menos 300 amigos en Facebook.

2)      Directamente no tenés Facebook porque te parece careta y no te interesa contactarte con otra gente.

3)      Andás con unos anteojos negros tipo Paris Hilton, zapatillas All Star prolijamente gastadas y cara de culo buscando ropa usada en las ferias de Palermo.

4)      Estudiás cine, fotografía o alguna cosa de diseño y usás anteojos cuadrados con el marco más grueso posible.

5)      Te cabe más pagar 100 pesos por un sushi asqueroso en Palermo que clavarte un chori de 3,50 en la Costanera.

6)      Mirás “Ciega a citas” y “Sex and the city” y te hacés fan en Facebook como para que todo el mundo se entere.

7)      No sabés cocinar y pedís siempre delivery, pero pretendés que tu novio sea un super chef que te prepare platos con ciboulet y esas cosas extrañas que sirven en los restó de onda.

8)       Tomás clases de tango y vas la Viruta a ver si te enganchás a algún turista excéntrico que te lleve a recorrer el mundo.

9)      Decís que te encanta el vino y hablás de su textura, el color y qué sé yo, pero si te vierto un Zumuva tinto en una botella de Luigi Bosca, seguro que ni te avivás.

10)   Aunque no lo admitas, te la pasás buscando al príncipe azul en el chat, un tipo super interesante, profesional, exitoso, que le guste viajar y bla bla. Lo que no sabés es que todo hombre que entra al chat, aunque la caretee hablando de los canales de Venecia y el último libro de Murakami, en lo único que está pensando es en ponerla esa misma noche y nada más.

11)   Cualquier situación estúpida e intrascendente de la realidad que no llamó la atención de nadie, a vos te parece un cuadro de una escena de Fellini o de Kusturica.

12)   Sos super progre y te re ofende la injusticia y discriminación que sufren los indigentes, pero con tu Ford K que compraste con años de laburo y sacrificio no te acercás ni a 500 metros de un barrio humilde.

13)   Usás unas botas marrones horribles metidas adentro del jean, tipo gaucho. Y pensás que eso queda bien.

14)   Tomás frapuccino en Starbucks, y de paso aprovechás para actualizar tu estado en Facebook por el celular: “Tomando frapuccino en Starbucks”.

15)   Invertís un dinero importante en psicoanalizarte. Al pedo. Yo, de onda, ya te doy el veredicto.
Tus problemas son dos: tu madre y tu (actual/ex) novio.
¿Solución? Comprate un caniche toy. Tu madre y tu (actual/ex) novio no van a cambiar nunca.

16)   Si un viejito de cabello cano te cede el lugar para subir al colectivo, le agradecés amablemente con una sonrisa y pensás “qué tipo tan caballero, señores eran los de antes”. Si te cede el lugar un pibe con una gorra y una camiseta de Tigre, ni lo mirás y subís al colectivo con una cara de vinagre tremenda, y pensás que lo hizo para relojearte el culo.


RESULTADOS

-Ninguna respuesta positiva
Bien. Sos la gauchita que el macho argentino quiere como novia, esposa y madre de sus hijos. El posmodernismo no ha corroído tu cerebro. Nada de prepararte habas salteadas en tocino con jugo de tirabeques y matices de albahaca.
 Un guiso de lentejas y al sobre. Y cocinás vos, viejo.

-De 1 a 4 respuestas positivas
Peligro. Aunque no forma parte de tu esencia, cierto esnobismo está acechando a tu persona. Hay que volver a las fuentes, al barrio, de lo contrario vas por el nefasto camino de convertirte en una Leticia Brédice cualquiera.

-De 5 a 10 respuestas positivas
No hay vuelta atrás. Ya sos toda una chica cool hecha y derecha. Lo tuyo no llega a un extremo intolerable pero tampoco saldrías con Cacho el remisero de San Martín que el domingo se la pasa viendo fútbol y alentando a Chacarita, mientras vos estás viendo La octava vez que me tiré del precipicio o alguna de esas obras raras de teatro under.

-11 ó más respuestas positivas
Sos más que cool. Al lado tuyo, Belén Blanco y Sofía Gala son Gladys la bomba tucumana y la piquetera Milagros Sala. Seguro debés ser la novia de Gastón Pauls o de Alan Faena.
Nunca un pancho en Peters o una birra del pico en la vereda.
Ojo, todo tiene un límite, si te pasás de cool, ya hasta los cool te empiezan a mirar con desconfianza.

martes, 16 de febrero de 2010

Uno y sus célebres otros

Hay reconocidos personajes inmersos dentro de nuestro ser, personificándose constantemente en nosotros, aunque sea de manera menos original y genial.
Seamos honestos: a quién no le ha sucedido el sentir una profunda conexión, y por qué no identificación, con alguna figura histórica, un escritor, un pensador o un artista, lo cual nos lleva a tomarlos como modelos, en ocasiones obrando de algún modo como lo hacen o lo harían ellos (es decir, en otras palabras menos indulgentes, tratando de imitarlos). Sospecho que a nadie, aunque probablemente nuestra modestia u orgullo pueda llegar a dificultarnos el reconocerlo públicamente.
A mí me ocurre, y me da cierto pudor admitirlo, con el filósofo escocés David Hume y con el inefable Johnny Rotten, cantante de los Sex Pistols.  Ejem.


Hume: mi modelo racional 

Quienes tengan alguna noción básica de Filosofía, se habrán dado cuenta que el título de este blog es una suerte de  "guiño" a la gnoseología de Hume. Podría decir que gracias a él nació mi aficionado interés por la filosofía, o al menos, si no fue el encargado de encender una pequeña llama filosófica en mi ser, logró mantenerla prendida, añadiendo además bastante leña y avivando el moderado fuego que mi escasa lucidez es capaz de producir. En mi post adolescencia tomé de la colección Historia del Pensamiento Salvat que hay en mi casa (agradezco al cielo por esa compilación) el Tratado de la naturaleza humana, obra de tres tomos en donde básicamente desarrolla su sistema filosófico. Qué decir, el leerlo francamente fue como un sacudón de conciencia, abrir los ojos de par en par ante la realidad. Era como si estuviera enunciando cosas tan claras y evidentes que sentía que me estaba robando las ideas, aunque lo que en verdad ocurría era que me daba vergüenza no haberlas pensado antes.
Tiene una hondura de pensamiento deslumbrante, llegando en los temas sobre los que meditaba hasta las últimas consecuencias, aunque en su época ello le valiera castigos y acusaciones religiosas. Exploraba cada preocupación intelectual tomando todos los caminos posibles, desechando, tras haberlos recorrido y analizado, carriles, aunque muy transitados y aceptados, falaces, siguiendo siempre por la senda segura, fiable y tangible, tan lejos hasta donde fuera posible llegar, cuando se corta la senda y se hace presente el infranqueable y arcano  misterio, sólo accesible mediante aquellos otros ilusorios carriles que él ya había descartado.
Estoy totalmente convencido de que Hume tiene la última palabra de toda discusión filosófica, aunque esto vaya contra lo que se suele afirmar en los “ámbitos académicos”.
Claro que sentirme “identificado” con él no significa de ninguna manera ponerme a su nivel ni nada por el estilo, en absoluto, no estoy taaan perturbado. Es una devoción desde el encanto, admirando y suscribiendo cada concepto suyo, situación reafirmada ante todo texto de él que leo.
Hume es el ideal de perfección de mi parte racional, aunque esté a  años luz de distancia.


Johnny Rotten: el costado punk 

Irreverente, soberbio, cínico. Johnny Rotten transmitía un desprecio cuando cantaba que era fascinante. Desde las letras, la actitud, los gestos, los Sex Pistols encarnaban a la perfección todo lo que sentía por la vida y la sociedad, personificado encantadoramente en la figura de Johnny Rotten. ¿Cómo no volverse, entonces, desquiciadamente fanático? Ese tipo era el que le estaba diciendo al mundo entero todo lo que vos tenías ganas de gritar pero no podías, haciéndolo además mediante geniales canciones, en las que letra y sonido se fusionan como ninguna otra, conformando un todo explosivo rematado con la desgarradora voz de Rotten.
Ser  “nihilista” o “punk” no fue consecuencia de oír a los Sex Pistols sino al revés, verme absolutamente reflejado en ellos me hizo ser su seguidor.
Claro que cualquiera que vea a John Lydon (su verdadero nombre) hoy, notará que difícilmente pueda llegar a representar esa rebeldía e irreverencia insolente. Esto nos recuerda que aquella actitud suele estar vinculada con una etapa de la vida. Como muestra de ello nada mejor que aquel nefasto regreso de los Sex Pistols allá por 1996. Verlos viejos y gordos cantando “No future” generaba más una sensación de compasión que otra cosa. Para que John Lydon fuera eternamente Johnny Rotten, debería haber corrido la misma suerte que Sid Vicious.
No se puede ser un sex pistol toda la vida.

Estoy transitando mis días punks ya casi con nostalgia, aguardando que el inexorable paso del tiempo  me convierta en un serio y centrado jefe de hogar o en un grotesco viejo panzón cantando “No future”.  
O quizá, en Sid Vicious.